10 AÑOS DE FRENTE DE ESTUDIANTES: UNA DÉCADA DE LUCHA ESTUDIANTIL
Hace una década, en 2015, nacía el Frente de Estudiantes con un firme propósito: dar una respuesta unitaria a la fragmentación organizativa de los ciclos de movilización anteriores. Durante estos 10 años de lucha estudiantil, el sindicato ha erigido su proyecto sobre unos pilares organizativos inquebrantables: consolidarse como una estructura estatal y centralizada, priorizar el trabajo de base y la acción cotidiana en los centros de estudio, fomentar la participación democrática, y sostener una férrea independencia política con una clara orientación de clase que reconoce la centralidad del movimiento obrero.
Desde el primer Congreso fundacional hasta el día de hoy, entendemos los congresos como el espacio de expresión de máxima democracia interna del sindicato. El Congreso rige y canaliza la voluntad colectiva de las y los estudiantes, sentando las bases estratégicas para continuar luchando por un modelo educativo emancipador y al servicio de la mayoría trabajadora.
A lo largo de su historia, el sindicato ha continuado reforzando y ratificando estos ejes, nutriéndose con las experiencias de intervención en las aulas de distintas generaciones de militantes para superar definitivamente los viejos modelos del movimiento estudiantil. Cada Congreso, cada campaña, cada lucha sindical, ha sido un paso más en la ratificación de nuestra estrategia, un proceso de aprendizaje donde las victorias nos han dado impulso y los errores nos han enseñado a golpear con más precisión. Esta es la historia de esa década de lucha estudiantil. Esta es la historia del Frente de Estudiantes.
Nos remontamos por tanto a diciembre de 2015, momento en el que el movimiento estudiantil en España se encontraba en un estado de agotamiento. Tras las masivas movilizaciones contra la LOMCE y las protestas contra “El decreto 3+2”, la realidad era desoladora: las leyes educativas impulsadas en ese momento por el PP de Rajoy seguían adelante, las asambleas de las facultades, herederas de la lucha contra el Plan Bolonia, se vaciaban por la falta de una estructura permanente; y la lucha institucional era claramente insuficiente ante la realidad en las aulas.
En este escenario de dispersión y erratismo, tiene lugar el Congreso de Unidad Estudiantil, en el que cientos de estudiantes a lo largo y ancho del país se reunieron en Valencia con el objetivo, no solo de superar el movimiento caduco existente, configurado únicamente en torno al paradigma organizativo de la asamblea de facultad, sino para establecer las bases de lo que es a día de hoy el Frente de Estudiantes: un sindicato con orientación de clase, estatal y de base, que pudiese golpear con un solo puño ante los ataques del sistema capitalista a la educación pública.
Esto significó un antes y un después en el movimiento estudiantil en España. Por un lado, supuso la ruptura política y la superación práctica del arquetipo de la asamblea local, así como del burocratismo asentado en el movimiento estudiantil desde hacía años. Y, por otro lado, suponía la creación de una organización sindical centralizada y con independencia política por y para los hijos de la clase obrera de todo el país
Tras este Congreso, se han sucedido decenas de marcos de lucha en todos los ámbitos de la vida estudiantil, los cuáles han ido dotando de validez política a nuestras Tesis, incluyendo nuestra participación en conflictos junto con el movimiento obrero, pilar fundamental de nuestra actividad sindical.
Si repasamos las grandes luchas del Frente de Estudiantes a lo largo de su historia, encontramos una constante: la oposición frontal a cualquier ley o medida de unos u otros gobiernos que profundizara en la precarización y mercantilización de la educación. Pero el sindicato nunca se ha definido por la reactividad frente a los conflictos que iban surgiendo, sino por un horizonte programático claro: la construcción de una educación pública, al servicio del pueblo trabajador y gestionada por y para la comunidad educativa.
Esto se pudo ver por primera vez durante las huelgas de octubre y noviembre de 2016 en la lucha contra las reválidas, siendo el sindicato una pieza clave en que el gobierno del PP dejase sin efectos académicos las reválidas de la LOMCE. Esto supuso una victoria para el sindicato, lo que ayudó además a reforzar su presencia en los institutos y dejando patente que la lucha estudiantil no se puede ni debe dar solo en el ámbito universitario, remarcando, una vez más, la necesidad de un sindicato unitario que abarque todas las ramas educativas.
También por estas fechas cabe destacar la lucha contra “El decreto 3+2” y la celebración del II Congreso del Frente de Estudiantes, Congreso en el que se consolida el modelo de militancia que aún hoy nos caracteriza. Se define el concepto de “sección sindical” como la unidad básica de organización, abandonando así definitivamente el modelo asambleario clásico y apostando por un modelo organizativo centralizado, democrático y fundamentado en el trabajo de base, piedra angular del sindicato.
Más adelante, en 2020, nos encontramos ante una situación que absolutamente nadie pudo prever: la pandemia del COVID-19. Esto supuso un cambio drástico, obligando a reinventar por completo la forma de intervención ya que las aulas, de la noche a la mañana, cerraron por completo durante meses. Aún así, el Frente de Estudiantes estuvo a la altura. En estas condiciones, la brecha de clase seguía vigente, ya que tanto tu vivienda como tu posibilidad de conexión a internet condicionaba de forma aún más acuciante la formación académica, lo que se tradujo en una expulsión encubierta de los hijos de la clase trabajadora.
El carácter clasista de los efectos de la pandemia reforzó aún más la necesidad de dotar de orientación de clase a nuestra acción y política sindical, comprendiendo que el sistema socioeconómico y el consecuente educativo afectan y atacan fundamentalmente los intereses de la clase trabajadora y sus hijos, y es al servicio e interés de dicha clase, protagonista de su devenir histórico, de quienes debemos construir una nueva sociedad y educación. Además, la pandemia dejó graves secuelas negativas en la organización del estudiantado, ya que supuso un gran efecto desmovilizador y puso sobre la mesa diversos problemas de salud mental que derivan directamente de la presión del sistema a no parar jamás, ni siquiera en momentos de crisis global como fue el COVID-19.
A pesar de esto, el Frente de Estudiantes no se detuvo, reinventando sus posibilidades de intervención y acertando en señalar que la pandemia no sólo evidenció y agudizó las desigualdades existentes en el sistema educativo a todos sus niveles, sino que actuó de acelerador y catalizador de la crisis económica en ciernes.
A finales de éste mismo año y durante el siguiente, con una situación relativamente más normalizada, se tramitaba en el Congreso de los Diputados la LOMLOE, conocida como la Ley Celaá. Esta ley, impulsada por el gobierno socialdemócrata de PSOE y Unidas Podemos tras el cambio de gobierno del PP por la moción de censura de 2018, no supuso una reversión de las políticas antipopulares, sino que mantenía la esencia privatizadora y no revertía los recortes históricos en educación.
La postura del sindicato ante esta situación era clara: esta ley se limitaba a derogar los aspectos más lesivos de la LOMCE pero, en esencia, apuntala un modelo educativo al servicio de los intereses privados y empresariales. Esto, además, vino a poner sobre la mesa una vez más la importancia fundamental de la independencia política del sindicato, demostrando que no podemos supeditar nuestras reivindicaciones a las lógicas de confianza-negociación con la socialdemocracia.
También a finales del año 2020 se celebró el III Congreso del Frente de Estudiantes, coincidiendo con su 5º aniversario. Este fue un Congreso peculiar, ya que se realizó mediante sedes locales conectadas telemáticamente para poder cumplir con las restricciones sanitarias del momento. Aún así, esta situación no supuso en ningún caso un retroceso en los debates ni en la elaboración de sus tesis, sino que sirvió para establecer un análisis renovado de la realidad política y social del momento, a la vez que reforzaba la estructura a lo interno del sindicato. En este momento, a pesar de las condiciones adversas y la desmovilización, el FdE se postuló como una organización sindical capaz de generar cuadros y de operar incluso en las situaciones más complejas y diversas.
Continuando en la línea temporal, nos situamos en 2021-2022. Durante estos años aparece otra ley educativa, la LOSU (o la Ley Castells), y el Frente de Estudiantes vuelve a liderar las protestas, denunciando que esta ley abría las puertas a que las empresas privadas tuvieran voz y voto en los órganos de dirección de las universidades a través de los Consejos Sociales o la figura del rector gerente. Esta ley no se percibió como un mero cambio administrativo, sino como una declaración de guerra contra la universidad pública tal y como todos la conocíamos.
Además, las movilizaciones por la Ley Castells también fueron un hito en la lucha y centralidad del movimiento obrero: se coordinaron las propuestas conjuntas con los sindicatos de trabajadores de la universidad, convirtiendo así esta lucha en una defensa de la educación pública, y no solo protesta estudiantil. Todo esto se vio reflejado en la Jornada de Lucha de noviembre de 2021 y en la Huelga General estudiantil del 24 de marzo de 2022 en la que, bajo el lema de “contra la reforma educativa”, miles de estudiantes vaciaron las aulas en toda España para dar respuesta a Castells. Simultáneamente, el gobierno socialdemócrata aprueba también la Ley de Convivencia Universitaria (LCU). Esta ley, aunque se presentó como la sustitución democrática a un decreto franquista, no es sino una “Ley Mordaza” universitaria que castigaba con más precisión las formas de protesta actuales en las universidades. En resumen, se presentó como el complemento perfecto para la LOSU: mientras una privatiza la estructura, la otra blinda esa estructura contra la protesta.
Ante esta situación y la consecuente respuesta de la comunidad educativa, en 2022 el Frente de Estudiantes, junto con otras organizaciones, fuimos llamados hasta en dos ocasiones a una reunión con el Ministerio de Universidades, en las que se pusieron sobre la mesa los análisis y propuestas frente a la LOSU y la LCU. Tras esto, sumado a las movilizaciones sociales y presión en los centros de estudio, se modificaron ciertos aspectos de ambas leyes, aunque de forma insuficiente y que no alteraban el fondo privatizador y represivo de dichas reformas.
También durante este año se celebró el IV Congreso del Frente de Estudiantes, el cuál fortaleció y reafirmó la validez y necesidad del proyecto sindical amplio, democrático, fundamentado en el trabajo a pie de aula y orientado a la construcción de una educación al servicio de la mayoría trabajadora. Todo esto y más se recoge en el Documento Programático, publicado a inicios del curso 2022-2023, lo que supuso un punto de inflexión en la propuesta estratégica y político-organizativa del sindicato. El Documento Programático se desarrolla con el fin de dotar al conjunto del movimiento estudiantil de una estrategia propia y unitaria a la que dar vida durante los próximos años, poniendo en valor la estructura del Frente de Estudiantes, sistematizando unos ejes programáticos concretos y clarificando los retos a los que se enfrenta el movimiento estudiantil en el contexto actual.
Durante los siguientes años pudimos ver, por un lado, como estas reformas educativas calaban de pleno en nuestros centros de estudio y, por otro, como las prácticas académicas cobraban cada vez más interés. En este sentido, comenzó a sonar el “Estatuto del Becario” y la FP Dual comenzó a tener más presencia que nunca. Así, uno de los ejes de lucha del FdE con más recorrido cobró especial importancia: a igual trabajo, igual salario y condiciones. Esto llevó a paros estudiantiles de FP, negándose a ir a las empresas a trabajar gratuitamente bajo el disfraz de “formación dual”, exigiendo que toda práctica curricular sea remunerada y reconocida bajo el convenio laboral del sector en el que se realicen.
Ya en 2024, nos vimos inmersos en un movimiento estudiantil de fondo internacional, pero a su vez capaz de concretar sus demandas a nuestro particular ámbito de actuación. Hablo de las acampadas para denunciar el genocidio en Palestina, vinculándolo al sistema imperialista mundial y, por tanto, señalando la interrelación de nuestros correspondientes gobiernos y alianzas, así como universidades, con el genocidio. La lucha contra el Estado de Israel, la solidaridad internacionalista y con los pueblos oprimidos del mundo que nos mueve, es parte indisoluble y fundamental de toda la lucha general que en tanto estudiantes desarrollamos.
La militancia del Frente de Estudiantes estuvo presente en todas las acampadas a lo largo y ancho del territorio nacional, jugando un papel dinamizador del movimiento, siendo capaces de impulsarlas allí donde el estallido inicial no llegó y lo hicimos, además, con una propuesta de acción que dotase de orientación general y sentido estratégico a dicho estallido. Esto, junto a las denuncias contra la OTAN a lo largo de la historia del sindicato, demuestra cómo el movimiento estudiantil también planta cara al imperialismo y, en definitiva, al sistema que en el nombre de la paz hace la guerra para el beneficio económico de unos pocos.
Finalmente, en el año 2025, se celebró el V y hasta la fecha último Congreso del sindicato. Donde una vez más, pudimos comprobar la importancia de que exista un sindicato estatal, unitario y centralizado, capaz de actuar al unísono en todo el estado. Por un lado, perfeccionamos análisis y objetivos en torno a la necesidad de involucrar aún más, mejor y de diferentes formas al estudiantado bajo el paraguas organizativo del FdE, haciendo de este el centro social, político y cultural de cada centro de estudios; Y, por otro, también ahondamos en la definición y caracterización de nuestro sindicato por su profundo carácter internacionalista y antiimperialista en una clave eminentemente clasista.
A día de hoy, el espíritu del Congreso de Unidad Estudiantil sigue vivo en cada sección sindical del Frente de Estudiantes y bajo nuestra eterna premisa de una educación pública, gratuita, de calidad y al servicio del pueblo trabajador, echamos la vista atrás a una década de lucha estudiantil de la que hemos aprendido, y seguiremos sin duda aprendiendo durante el largo y fructífero camino que nos espera. Son 10 años de lucha, de victorias y derrotas, de aprendizajes y, sobre todo, de ver con nuestros propios ojos cómo la educación sólo se defiende con la organización y el trabajo de base.







