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10 años del Frente de Estudiantes

Perseverancia, paciencia, compañerismo, aprendizaje, ruptura, esperanza. Todo ello es decir Frente de Estudiantes. Dentro del Frente de Estudiantes han madurado ya varias generaciones de sindicalistas. Muchos de ellos, hoy día, exportan a sus centros de trabajo las enseñanzas que junto a sus compañeros de sección aprendieron. Y el Frente de Estudiantes ha madurado con ellos.

Ya hace diez años desde nuestro Primer Congreso, el Congreso de Unidad Estudiantil. Congreso que vino a unificar las voluntades de cientos de estudiantes que a lo largo y ancho del país se habían estado organizando en sus centros de estudio, en sus institutos y universidades. Estudiantes que habían comprendido que ellos solos, aislados en sus centros del resto del estudiantado del Estado, no podían hacer frente a las leyes estatales; estudiantes que comprendieron que el modelo asambleario tenía unos límites claros a la hora de crecer y mantenerse en el tiempo; estudiantes que vieron la necesidad de dar el paso de la resistencia a la ofensiva y constituir un programa; y estudiantes que entendieron que sin el movimiento obrero no había ningún tipo de futuro. Resumiendo, en palabras de Gabriel Celaya: “De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos”.

Aquella primera hornada de militantes fueron los que en 2016 impulsaron la revocación de las reválidas. Ellos fueron los que en 2016 empujaron hacia la última gran huelga general educativa. Fueron, también, los que pasaron el testigo a aquellos que tuvieron que enfrentar la desmovilización que sobrevino con el gobierno socialdemócrata de PSOE-podemos, donde la confianza en las promesas de los nuevos gestores dejó sin herramientas a la comunidad universitaria. Junto con la pandemia del 2020, aquellos militantes tuvieron que vivir lo que es la resistencia, la paciencia y la gimnasia sindical en su estado puro. Carteles, octavillas, pancartas, pasaclases, todo con una mascarilla, semanalmente y sin apenas fruto. Y aun así, perseveraron.

Y funcionó. Poco a poco, como quien sale de un letargo, el movimiento estudiantil empezó a levantar cabeza. Las jornadas de lucha y las huelgas convocadas entre 2021 y 2023 contra la nueva reforma educativa, la LOSU, la LCU, la LOMLOE, fueron desperezando a cierto sector de los estudiantes, en conjunción con algunos sindicatos de trabajadores. Una nueva generación se estaba forjando. Fueron ablandando y humedeciendo la tierra, convirtiendo el páramo en un comienzo de jardín.

Entonces llegó 2024. El genocidio sistemático de Israel contra el pueblo Palestino se intensificó nuevamente. Una ola de solidaridad recorrió los campus universitarios a nivel internacional y España no fue la excepción. Los años de mantenimiento de la estructura del sindicato, la experiencia acumulada del trabajo militante, se mostraron en ese momento como el camino correcto. Solo el Frente de Estudiantes fue capaz de articular una respuesta a nivel estatal, coordinando sus distintas secciones sindicales para asestar un solo golpe, una sola estrategia, en todas las universidades en las que se tenía presencia.

Desde ese momento, los efectos de las nuevas leyes educativas, el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora, la militarización de la economía y la infrafinanciación de muchas de nuestras universidades, están abriendo un nuevo ciclo de movilización donde las asambleas y plataformas por la universidad pública están a la orden del día.

Con el peso de la Historia y la ilusión del futuro, una nueva generación de militantes está germinando de entre nuestras filas, que vendrá a afrontar los retos de la nueva década de movilización y militancia, con toda su voluntad, con toda su inteligencia, con todo su corazón.

¡Avanzar, construir, movimiento estudiantil!

¡Vivan los diez años del Frente de Estudiantes!

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