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Empezar el año; continuar la lucha

Empezar el año, una vez superadas las celebraciones, es sinónimo, para millones de personas y familias de clase trabajadora, de estrés, ansiedad e incertidumbre por no saber si llegarán con dinero suficiente a final de mes. La llamada “cuesta de enero” no es más que un eufemismo para describir el empobrecimiento cíclico de nuestra clase a costa de unos pocos cuyos beneficios no dejan de aumentar.

Pero enero también trae consigo los exámenes del primer cuatrimestre para cientos de miles de estudiantes. Un método de evaluación obsoleto si lo que se quiere es medir conocimiento adquirido y que además provoca enormes problemas de salud mental dentro del estudiantado, particularmente de clase trabajadora. Enfrentarse a los exámenes es tener que lidiar con la angustia de no saber si vas a poder pagar una segunda matrícula si suspendes. Es tener crisis de sueño pensando en los problemas laborales que puedes tener en el futuro si no tienes un buen día delante de un papel. Los exámenes son solo la punta del iceberg de un sistema educativo cuyo interés no es la formación de las personas, sino el rendimiento al máximo sin tener en cuenta las circunstancias personales.

Es por ello por lo que no podríamos empezar el año de otra manera que no fuese deseando al conjunto del estudiantado ánimo y suerte para el periodo de exámenes que nos acecha, pero animando a cada estudiante que sufre en estos días a organizarse en su centro de estudios para luchar por un sistema educativo que atienda a nuestros intereses y que nos permita ser felices sin la angustia de no tener un futuro asegurado por hacer mal un examen.

Es también este momento en el que uno, tanto a nivel personal como militante, suele hacer balance del año saliente. Como militante del Frente de Estudiantes, y creo que hablo por muchos y muchas, el año 2023 ha sido sinónimo de orgullo. Orgullo por saber que cientos de compañeros y compañeras del sindicato han estado ahí donde el estudiantado les ha necesitado para luchar por una educación de calidad, como puede ser el caso, entre muchos, de Burgos, Barcelona o Granada. Orgullo por saber que hemos estado al lado de la comunidad educativa en sus reivindicaciones por una vida digna en múltiples puntos del Estado, como son Madrid, Málaga o León. Orgullo, también, porque gracias a la militancia organizada hemos ido recuperando los espacios de los estudiantes a través de los encierros nocturnos en centros de estudio, en los que hemos llegado a reunir a 200 personas en una misma noche en tres encierros simultáneos, como ocurrió en Granada, donde tuve la suerte de vivirlo de primera mano.

Ha sido, por otra parte, un año repleto de compañerismo en el seno de nuestra organización. La jornada de final de curso del 17 de junio en Madrid permitió a decenas de militantes de todo el territorio reunirse para reflexionar sobre el curso político y académico y para disfrutar de una compañía que, por circunstancias geográficas, pocas veces se puede dar. Asimismo, la IV Escuela de Verano celebrada en septiembre supuso el punto de partida de un nuevo curso y otra oportunidad de socializar experiencias con compañeros y compañeras de otros territorios. Pero lo más importante de este tipo de eventos, a nivel personal, es que es otra oportunidad de dar sentido a la militancia. Al reunirnos militantes de todo el territorio, uno siente que la militancia tiene sentido porque comparte horizonte vital y político con más gente. Nos sentimos arropados porque sabemos que hay compañeros y compañeras que van a dar la cara por nosotros, y porque no vamos a estar solos en esta ardua lucha por conseguir una educación diferente.

Asimismo, las experiencias políticas y militantes de este año nos han permitido reafirmarnos en nuestros principios fundamentales. La jornada de huelga de Andalucía del 20 de abril, así como la jornada de movilización estudiantil a nivel estatal de ese mismo mes, nos permiten reforzar la necesidad de un sindicato estatal y unitario, en el que las reivindicaciones concretas se deben conectar con reivindicaciones generales para conseguir un verdadero cambio estructural. En abril volvimos a tomar las calles y a demostrar que el estudiantado no va a aceptar pasivamente las políticas privatizadoras y represoras que se imponen en la educación, sino que vamos a responder a todos sus ataques.

2023, sin embargo, ha sido también un año de ataques contra la educación pública y de múltiples manifestaciones de represión hacia el movimiento estudiantil. Por una parte, la educación pública ha sufrido ataques en diferentes partes del territorio: el impulso de la educación concertada en Cantabria, los ataques contra las lenguas cooficiales en varias regiones o la apertura de dos universidades privadas en Andalucía, ataques contra los que, por supuesto, hemos respondido y responderemos. Por otra parte, cabe recordar los sucesos de Cantabria, donde compañeros fueron registrados e identificados por la policía sin ningún tipo de justificación ni acción previa, o el infame episodio de la Universidad Politécnica de Madrid, donde el subdirector de la ETSIAAB agredió a varios compañeros que se concentraban contra el impago de los sueldos de los trabajadores de la cafetería. Estos acontecimientos, lejos de amedrentarnos, fueron respondidos con más movilización y protestas.

Se equivocan aquellos que legislan contra nuestros derechos y nuestra educación si piensan que lograrán callarnos. A los estudiantes ni se les reprime ni se les acalla, y lo demostraremos siempre con nuestra mejor herramienta: la organización.

Y es precisamente la importancia de la organización la que debe estructurar nuestro trabajo este 2024. Sabemos que la educación pública y los derechos del estudiantado han sido vulnerados y atacados por parte de gobiernos de diferentes colores y orientaciones ideológicas. La lección que debemos extraer de dichos ataques es la necesidad de que el estudiantado cuente con una organización independiente para proteger nuestros derechos y para luchar por la educación que soñamos. Desde el Frente de Estudiantes debemos transmitir a todos nuestros compañeros de clase y de centro esta importancia. Hace una semana, hablando con mi padre, le decía: “Papá, qué pena no haber descubierto el Frente antes”. Lejos de abordarlo desde una perspectiva negativa, inmediatamente después de tener ese pensamiento, me di cuenta de que lo que debemos hacer todos y cada uno de los militantes del sindicato es inundar de lucha cada rama educativa. Que nuestra resignación pasada nos lleve a darnos cuenta de la importancia de que en cada instituto, en cada centro de estudios y en cada facultad, el estudiantado conozca y participe en el Frente de Estudiantes para proteger sus derechos y soñar y trabajar por el modelo educativo que necesitamos y merecemos.

La militancia estudiantil, en mi caso y en el de muchos compañeros y compañeras, me ha cambiado literalmente la vida. He descubierto la importancia de la lucha y he encontrado en cada compañero y compañera un apoyo para seguir en los días frustrantes y para celebrar las victorias. Leía hace poco que la lucha es un poema colectivo. Y si eso es así, compañeros y compañeras, hagamos todo lo posible porque el 2024 sea la continuación del poema más bonito de nuestras vidas. Que este año pongamos nuestras manos y nuestros corazones en este proyecto de vida llamado militancia, que logremos que compañeros y compañeras de estudios pongan más manos, y que la rima final de este poema colectivo sea haber conseguido la educación que soñamos.

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